La palabra “icono” deriva del griego “eikón” que significa imagen.


    Los iconos pueden ser realizados de diferentes maneras: pintados sobre madera, como frescos sobre paredes, en esmalte, como mosaico, en metal, bordados sobre tela, tallados en madera o como ilustración en pergaminos o libros. Bajo ningún concepto se  debe de hacerse un punto de honor con los materiales utilizados para hacer un icono, lo importante es que el mensaje llegue claro al observador.


    Los iconos se usaban y aún se usan para la veneración en el templo y en las casas de familia, especialmente en la tradición cristiana ortodoxa, en los católicos melquitas y en los coptos.


    Cualquiera que sea su forma de realización, los iconos tienen como objetivo transportarnos a un mundo espiritual. Ellos constituyen una puerta hacia ese mundo, abierta solo para aquellos que pueden verla. Aquellos que quieran comprender a los íconos tienen que observarlos con los ojos de la fe no de la creación artística.


    El icono es un instrumento de meditación: la persona que lo observa, al fijarse sobre la imagen que representa, se transporta hacia lo que simboliza,  pudiendo rezar y meditar sobre lo que representa.


    En el caso de Margarita Lamanna, ella usa dos técnicas principalmente: el repujado del icono completo en metal  y la pintura con la técnica de temple al huevo y pincel seco (trazos costos con poca carga de pincel) sobre madera maciza cubierta con levka. Sin embargo, también ha realizado iconos sobre lienzo con pigmentos emulsionados en una base de goma blanca y cera.